martes, 10 de febrero de 2026

Los antropólogos de Ayşegül Savaş

Los antropólogos

Ayşegül Savaş 

Es un inmenso placer entrar en esta novela y vivir con los protagonistas mientras voy leyendo. No quería terminarlo. Dejé unas pocas páginas para la noche. 

Va sobre lo cotidiano. Filmar en un parque, hablar con quienes se encuentra allí. 

Convivencia con la pareja. Sus lenguas maternas, sus familias lejanas. En la ciudad, en búsqueda de un hogar. Amistades, conversaciones, deseos y decepciones. 

Tierno, cercano. Muy ágil la prosa. Quiero más, y sé que no voy a tardar en ir a por otra de sus obras: Volver a casa. 

Te invito a leer los fragmentos seleccionados 

Entre la gente de nuestra edad, a menudo se daba por sentado que tener un trabajo interesante equivalía a ser una persona interesante. 

El proceso requería un acto de acrobacia imaginativa, intentar proyectarnos hacia delante con apenas una vaga idea de dónde deseábamos aterrizar. 

A mi parecer, todas las personas tenían algo de verdaderamente extraño, algo único y excéntrico. Esa singularidad se hacía más evidente en los actos cotidianos, en lo banal, más que en lo extraordinario: el modo en que elegían la ropa que iban a ponerse ese día, lo que comían, en qué empleaban sus horas libres. 

Tenía tanto miedo a parecer rara a ojos de mi familia como a los de los extraños. 

Para la mayoría de nuestros conocidos, Manu y yo éramos poco más que nuestros respectivos países de origen, nuestros acentos, nuestro trabajo. Yo, sin embargo, anhelaba una existencia concreta. 

Era directora de cine, además de guía espiritual de soñadores y adláteres, y contaba con una devota cohorte de seguidores que tampoco sabían manejarse muy bien en la vida real. La Gran Dama era capaz de retratar el mundo con humor e ingenio. Sabía cómo transmitir embrujo. 

Mi abuela me contaba cómo se iba desarrollando su serie de televisión así como las vidas de parientes lejanos, sin apenas discernir entre las tramas reales y las imaginarias. Y siempre empezaba contándome las hazañas de su juventud. 

A veces yo también pienso en volver a mi tierra. Toda mi familia vive allí. Pero el caso es que, una vez que te mudas, lo más fácil es que te acabes quedando dónde estás. 

Mientras tomábamos un té, hablamos de las mujeres a las que admirábamos cuando éramos niñas. Personajes de películas o amigas carismáticas de nuestras madres.... 

Yo siempre tenía presente que la tristeza podía rondar a la vuelta de la esquina. Manu no vivía con la angustia permanente de que algo malo fuera a sucedernos. Y yo a veces sentía la urgencia de advertirle sobre todas las posibilidades que había anticipado. 

Manu creía en la vida, y agradecía la belleza por efímera que fuera. 

Aprender de memoria un poema.
Con los años, hacen una compañía estupenda. 

En compañía de Tereza el mundo parecía menos apremiante. Los poemas despejaban espacios en nuestro interior y nos llenaban con sus formas. Alrededor de aquella mesa yo sentía que debíamos intentar vivir así, recomponiendo el mundo, las cosas que estaban un tanto torcidas, a través de la poesía. 

El día del cumpleaños de Manu me desperté pensando con tristeza que solo me tenía a mí para celebrarlo. En días señalados, la aleatoriedad de nuestras vidas se revelaba con más intensidad. O quizá es que yo sentía que así debían de vernos nuestros padres, cuando se levantaran el día de nuestro cumpleaños y nos imaginaran solos en la ciudad. 

El día siguiente, ya sin la inquietud de entristecer a nuestras familias en días necesariamente felices, fue más alegre. 

Me preocupa desperdiciar el tiempo. No me refiero a una cuestión de productividad, sino al hecho de disfrutarlo. 

Sinopsis: Asya y Manu residen en una ciudad extranjera. Son pareja desde hace un tiempo. Cuando atisban la posibilidad de comprar un apartamento, empiezan a imaginar cómo será su futuro. Los dos viven muy lejos de sus respectivas familias, que siguen aferradas a sus tradiciones. Pero ellos, ¿qué tradiciones y rituales quieren establecer en su nueva vida? Mientras sueña con las posibilidades que se abren tras cada anuncio de piso que ven, tras cada casa que visitan, Asya, cineasta documental, se dedica a recopilar imágenes del parque del barrio y a observar día tras día, como una antropóloga, a los que acuden allí. Y casi con esa misma mirada se observa a sí misma, a su pareja, a sus escasos amigos. 

Traducción: Victoria Alonso Blanco. Tusquets Editores, Barcelona 2026. Número de páginas: 216. Acceder al inicio.

 

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