domingo, 1 de agosto de 2010
Vivir sin Otto
miércoles, 9 de diciembre de 2009
En pocas palabras
He caído como una ingenua y mi brillante idea de realizar unas compras el lunes 7 de diciembre, festivo en Galicia, pero día laboral en Portugal, ha sido un verdadero desastre. Otto disfruta de su nueva cama, totalmente ajeno a todo el infierno pre-navideño.
Reconozco que dudo si hacer o no entradas con películas que me decepcionaron o que simplemente no me gustan. Y, de momento, lo resuelvo con un breve comentario, sin más.
Cándida (Guillermo Fesser, 2006), con una considerable carga humana hacia esta mujer, trabajadora nata, con una vida ingrata y carente de afecto. Brillante interpretación en su primer trabajo dentro del mundo del cine. Con un corto sería suficiente.
Frenético (Roman Polanski, 1988), matrimonio que se desplaza a Paría para asistir a un congreso. Un error fatal con las maletas desencadenará la sospechosa desaparición de ella. Mi memoria tan débil guardaba un recuerdo que ahora presiento distorsionado, ya que al volver a verla, me ha defraudado. ¿Un mal envejecimiento – mío o del film?
Sueños de Shanghai (Wang Xiaoshuai, 2005), por mandato oficial se trasladaron al campo para poner en marcha fábricas, pero con el paso del tiempo su mayor anhelo es poder regresar a Shanghai. Disciplina escolar y familiar que no podrán evitar dramáticas consecuencias. Un poquito más de ritmo no estaría mal.
Paseando por la red, donde aparecen cosas geniales y entretenidas:
Juego con el Atlas universal
Volando sobre Nueva York
Cómo se construye un hotel de hielo
HACE UN AÑO: Graciela Iturbide
domingo, 13 de septiembre de 2009
Otto cumple 10 años

Extrañas e incontroladas sensaciones. Pasar unos días fuera y dejar a Otto. Se queda con una amiga de total confianza, pero sin nadie de su entorno habitual. Se va a otra casa donde sabemos va a estar atendido y mimado. Pero “duele” y preocupa dejarlo. Es mucha responsabilidad para quien tan amablemente lo acoge. ¿Y qué pensará él?
Llamadas tranquilizadoras y convencimiento de que está tranquilo. Desde la primera noche, es el rey de la casa.
Ya de regreso, toca ir a Lugo, al hospital clínico de la Facultad de Veterinaria. Le hacen un TAC y descartan un daño neurológico. Esa es la buena noticia. El otro lado de la moneda es una avanzada artrosis.
Ayer Otto cumplió 10 años y en todo este tiempo nos ha premiado con su alegría, sus mimos, sus paseos y sus gamberradas. Es parte de la familia.
FELICIDADES chiquitín.
GRACIAS S.
HACE UN AÑO Y SEIS DÍAS: La mujer pantera
lunes, 15 de junio de 2009
Radio 3 + The Wellingtons + Otto robando
Con fuerza desde Australia, The Wellingtons – Freak out.
Entrevista a Zac, vocalista y guitarra del grupo.
Myspace
La anécdota del día la ha protagonizado Otto. En uno de sus paseos, mientras los humanos cumplen sus ritos sociales de saludos y halagos a un bebé, de pronto él se abalanza sobre la parte inferior del cochecito y engulle lo que puede de una barra de pan...
viernes, 8 de mayo de 2009
Al fin VIERNES
Empieza mayo con sol, las tardes son más largas y apetece salir, sentarse en una terraza y pasear.
Las patas de Otto necesitan este calor para coger fuerza. Llevamos un invierno muy malo, con demasiadas visitas a su enemigo, el veterinario. Pinchazos, pastillas y esos ojos de pánico cada vez que cruza la puerta de ese lugar terrorífico. Le vendría muy bien nadar, pero las aguas del Atlántico todavía no tienen una temperatura razonablemente favorecedora para una inmersión.
Semana larga y agotadora. El cuerpo ya se resiente y pide a gritos las ansiadas vacaciones. Todavía faltan unos meses. Mientras a disfrutar del fin de semana, con sábado semi-laboral, pero con recompensa: aperitivo y comida en la zona vieja de Santiago.
Y un poco de música, de un grupo que sigo desde sus inicios, y a los que todavía no he visto en directo. Los escucho y me hacen sentir bien. Dejo aquí uno de los temas que más me gustan de su último disco.
Camera Obscura - Swans
Algunos de sus vídeos en youtube
Myspace
HACE UN AÑO: El camino a casa
lunes, 30 de marzo de 2009
ADIOS al gafe
Viernes - Otto y yo bajando una de tantas cuestas de esta ciudad. Él a lo suyo, la caza del tesoro, zigzagueando e impredecible en su siguiente quiebro. Un tirón, no más brusco de lo habitual, pero yo iba en la berza. Allá voy, de narices al suelo. Y como conducta ya adquirida en la infancia, para no romper más de lo imprescindible, me abalanzo sobre mi brazo izquierdo (especialista en esguinces absurdos). Me levanto de inmediato – antes de convertirme en el espectáculo vecinal – y camino con altivez. Eso sí, mi elegancia se quedó en la acera, un agujero en el pantalón a la altura de la rodilla, y una herida fea que tardará en desaparecer.
Lunes – Ágil, dirijo mis pasos hacia el supermercado. Larga lista para no olvidar nada importante. Una compra grande que llevarán a casa. Más rápido de lo previsto y con unos cuantos caprichos en el carrito. Misión cumplida.
Martes – media tarde, esperando mis bienes recién adquiridos. Ya empezaba a maldecir la falta de puntualidad (en un tramo de tres horas), cuando suena el móvil. El bueno del repartidor que lleva un rato llamando al piso equivocado. Sube raudo, y apenas tengo tiempo de quitarme las pantuflas. Aterriza en la puerta con una mala noticia: un brick de leche roto, por exceso de velocidad al salir del ascensor... Si quiero, se lo lleva y lo trae al día siguiente. Es uno nada más, me lo quedo e intento poner una de esas sonrisas de “aquí no ha pasado nada”. El chico, aliviado, sigue su loca carrera.
Lo que él ni se imagina es el tremendo asco que me produce el olor a leche. Bayeta, agua caliente, Fairy, y a frotar. El líquido blanco que se ha salvado va a la botella de cristal. Los envases que compartían caja pasan al mueble, impecablemente limpios. Tiro la bayeta a la basura (cada uno con sus manías, es lo que hay). Y encime era la última; de nuevo al super a por otra...
Necesito un paseo y aire fresco.
Ya de noche, y porque yo lo valgo, me dispongo a abrir una botella de vino. En ese preciso instante soy consciente de que el sacacorchos se jubiló... Respiro hondo...
Miércoles – Sin ganas de hacer recados, salgo a por un maldito sacacorchos. Retomamos la apertura, ya relajada, con una película esperando en el DVD. Lo introduzco, voy girando (lo de abrir botellas nunca me ha gustado), falta bajar las dos palancas y podré al fin beber un sorbito... Inicio el movimiento de descenso y de pronto me quedo con el artilugio en la mano. Miro estupefacta para el corcho y allí está incrustado el muelle... En un acto heroico de dominio de la situación, agarro unas tenacillas del marisco, y al más puro estilo troglodita, y con fuerza sobrehumana, arranco el maldito tapón y doy rienda suelta a la alcoholemia...
Lo demás ya son pequeñeces: devolver el maltrecho sacacorchos; salir de casa el último amanecer antes del cambio horario, cámara en mano, para hacer unas fotos de las impresionantes vistas desde el tren (la batería sin cargar)...
Pero hoy doy por concluida la racha. Debajo de una carpeta sobre la mesa de trabajo, ha aparecido mi reloj, extraviado desde hace unos días. Y esa es la señal... ¿de qué? Pues ni idea.
NOTA – Dedicado a J y CH, prometo no volver a reírme de los males ajenos. Y también va por Zadelia y el calambre.
Un brindis.
viernes, 6 de febrero de 2009
Hogar, dulce hogar
martes, 29 de julio de 2008
Tarde en el parque
Ahora lo sigue disfrutando. Se lanza a la búsqueda del tesoro (cualquier objeto comestible). Le chifla mordisquear hierbas y jugar con piñas y palos.
lunes, 9 de junio de 2008
Sale el sol
miércoles, 23 de abril de 2008
Muy importante en mi vida
El otro día la “enana”, le preguntaba a su madre sobre las razones que mueven a una persona a tener un perro.
De pequeña era uno de mis sueños. Me encantaban, aunque lo curioso es que durante muchos años les tuve verdadero pánico. Rebuscando en experiencias negativas, se lleva la palma aquélla en Madrid en casa de mis tíos.
En Salamanca nos pusimos de acuerdo las personas que compartíamos piso e hicimos saber a todos nuestros amigos y conocidos que buscábamos un perro. Y así llegó Leo, metido en una caja de cartón, muerto de miedo y sucio. Él me ayudó a vencer por completo todos mis temores caninos. Era la carta de presentación para todo el barrio. Los vecinos no se sabían nuestros nombres, pero nos asociaban con él. La vuelta a Galicia implicó muchas despedidas, muy tristes, y una de ellas fue la de Leo, que se iría a vivir a un precioso pueblo de Cantabria.
Ya instalada en mi ciudad, y esta vez con el complot paterno, que echaría una mano para cuidarlo y sobre todo para salir a la calle, entra en mi vida Otto. Aquel sueño se hacía realidad.
Me enseña muchas cosas: a ser menos egoísta, a responsabilizarme, a ser más paciente, a ser constante, a dar más de mí misma… todo positivo.
Está siempre ahí. Se alegra al verme después de un largo viaje o cuando vuelvo del supermercado Se acurruca en el sofá sobre mis rodillas cuando estoy cansada. Siente mis alegrías y tristezas. Incluso cuando por pereza me quedaría feliz en casa y tengo que ir de paseo con él, una vez que ya estamos en la calle, ese aire y ese movimiento me hacen sentir mejor. Caminar con él por la Alameda a media tarde ahuyenta las tensiones cotidianas y me ofrece ese tiempo de tranquilidad tan importante.
Saber que está ahí es bueno para mí. Me río cuando hace todo su teatrillo para conseguir sus propósitos (comida, paseo o mimos). Esa caída de orejas, de ojos, cara ladeada de perrito abandonado… Si es que es todo un actor! Me río cuando me roba los calcetines o las zapatillas, su travesura más común. La “maldad” consiste en esperar a que yo entre en la ducha, me mira y comete el hurto. Desde el otro lado de la mampara me “enfado” y él se va, moviendo ese rabito minúsculo, con el tesoro, que acaba depositado sobre su cama, sin más “daños” que unas babas. Me río cuando huye despavorido ante el zumbido de un moscardón y busca refugio (contra la pared, en la esquina, debajo de mi cama). Me río cuando quiere ser un héroe ladrando a sus “enemigos” desde lo alto de la ventana.
Contagia sus alegrías. Quiere jugar, pero no se trata de lanzar objetos para que los traiga. Él ha puesto sus propias reglas. Va a por ellos, pero lo divertido es que tú intentes quitárselos. Disfruta en la playa, corriendo, persiguiendo gaviotas, bañándose en el mar y comiendo todo tipo de algas u otras “piezas jugosas” que su olfato detecta. Como ayudante de basurero, no tiene precio.
Me relaja verle dormir.
También me pongo triste o lloro, cuando le operaron, cuando le veo mal, cuando trato de asumir que ya no es tan ágil como antes y que las patas de atrás le fallan con demasiada frecuencia…
Es una parte de mi vida muy importante e imprescindible.
domingo, 16 de diciembre de 2007
15 – XII – 99: sociable
6:30, arriba! No se deja poner el arnés, pequeña lucha.
Hace caquita en la calle y se queda con mi hermana.
A media mañana sale con mi padre y elige la mitad de un paso de cebra para hacer sus cositas. Qué puntería!
Sólo piensa en comer y se planta ante la puerta donde guardan su comida.
Ya lo conoce parte de la familia, mi prima, que le trae más prensa para que siga su proceso de culturización, y mi tía. Les gruñe al principio, a modo de saludo, pero después se porta bien.
De nuevo al veterinario, a por las pastillas para las lombrices. Pesa ya 7 kilos y medio!!!! Un kilo más que la semana pasada; se ve que pasa un hambre...
Las pastillas se las zampa en medio de tres bolas de pienso, sin problema, todo lo que sea comestible, para dentro.
Ya va mucho más contento por la calle.
Olisquea a otros perros y surge un flechazo con una. También se deja acariciar por varios desconocidos, ¿se estará volviendo social?
sábado, 15 de diciembre de 2007
14 – XII – 99: solo en casa
Mientras me ducho, él al lado, sobre la alfombrilla del baño, con una de mis zapatillas entre sus colmillos. No me deja ni un segundo.
Vendaval y diluvio. Toca cargarle en brazos, con el paraguas. Cómo pesa!!
Se pasa el día muerto de hambre, delante de la puerta donde está su pienso o golpeando con su pata el mueble de los turrones. Vida perra!!!
Recojo las copias de sus primeras fotos, de cuando llegó a casa, en la cocina, en el comedor. Es un muñequín!
Mamá ya tiene la marca de su afilada dentadura en una mano.
Va más contento a la calle y hace allí sus necesidades. Sube a casa feliz de la vida.
Me doy cuenta de que tengo mal la patilla de las gafas y me voy corriendo antes de que cierren. Lo paso fatal, es la primera vez que le dejo solo en casa. Tremenda carrera. No son ni diez minutos, aunque a mi se me hace eterno. Le dejé al lado del mueble del hall. Quería venirse conmigo y pone esas caritas de buenazo....
Al abrir la puerta sale ladrando de debajo de mi cama. Sus primeros minutos solo.
13 – XII – 99: restaurador
Lo dejo con mi hermana mientras salgo a por un teléfono inalámbrico, para poder hablar tranquilamente sin miedo a que alguien muerda los cables. También compro un álbum bonito para colocar sus fotos.
Sale con mi padre y ni le llora ni se para en seco y se sienta en la acera. A mi es que me toma el pelo de mala manera!!!
Se inicia en las alturas, trepa al sofá, a la mesilla. Toca quitar cosas que puedan peligrar a su alcance. Una de sus primeras obras de arte es la restauración de parte del relleno de mi querido patiñas, que será mejor colocarlo en otra habitación.
No le gusta nada que le cepille y yo no insisto demasiado.
Se lo pasa en grande con su cojín. Como los jansters su nivel de actividad se acelera por las noches, cuando el resto de los mortales pretendemos irnos a dormir.
viernes, 14 de diciembre de 2007
12 – XII – 99: 3 meses y primer baño
Desayuno feroz y cumplimiento total con sus necesidades fisiológicas. Es envidiable su regularidad.
Hoy cumple tres meses y para celebrarlo le espera una caja de galletas para perros.
No para de jugar, corre a saltitos, con su trasero ladeado y moviendo las orejotas.
Cada día está más grande!!
Cuando me meto en la ducha, él quiere jugar y coger mi ropa.
Hablo con la dueña de Coca, madre de Otto. Quiere saber como va el cachorro. Hablamos de sus torpezas y dice que debe ser genético.
En su paseo, se encuentran a un cocker marrón y cree que es su mami.... Hace un pipi en la calle y cada vez llora menos.
Por la tarde conmigo hace caquita en medio de la acera. Es diciembre, hay mucha gente, hasta yo me agobio un poco.
Su primer baño. Se queja ligeramente, pero se porta de maravilla. Dos tandas de champú, la toalla, el secador... se sacude con energía. Se merece mimos y un premio.
Parece feliz con nosotros.
11 – XII – 99: las zapatillas
Jugamos por el pasillo. Es tan rico!
Una ducha y a la calle, con la bolsa de la prensa que Otto lee cuando hace sus necesidades.
Parece que baja las escaleras más contento. Sale de casa por si mismo sin recular. Hay mucha gente. Llora y zigzaguea.
En casa de mis padres les hace tremendas fiestas y después busca su comida detrás de la puerta. En uno de sus arranques, se engancha al cable de la lámpara de mi hermana y la tira al suelo. No pasa nada, funciona. Lo mordisquea todo, con esos dientes de aguja que tiene.
Otro breve paseo bajo la lluvia, siguen los lloros y las miradas de curiosidad. Se le acerca otro cachorro y le entra el pánico.
Ya en casa, no utiliza adecuadamente la prensa. Ronda la puerta de la habitación donde guardo su comida, y una vez en el plato, se abalanza y no dura ni medio minuto.
Con todas estas emociones, se tumba y duerme un rato. Pero una vez que decido acostarme yo, al ataque con mis zapatillas. Quiere guerra.
lunes, 10 de diciembre de 2007
10 – XII – 99: traste
Se sube con miedo al ascensor. Va de habitación en habitación, qué divertido es despertar a todos!!
Llamo a mediodía, se ha portado muy bien.
Mi hermana lo saca a la calle después de comer, lo hace andar y correr. Vuelve agotado y cae rendido hasta que yo llego a media tarde.
Otro paseo conmigo, de unos 20 minutos. Nervioso, llora. La gente se queda con él: “qué bonito!!” Y venga a lloriquear.
En casa mira a la aspiradora con enorme curiosidad y sorprendentemente no le asusta, eso es noticia. Colabora en las tareas del hogar, yo quito los pelos del suelo y de inmediato se tumba sobre la zona limpia.
Viene C. a cenar y ya se van haciendo amigos.
Ya utiliza el periódico muchas más veces. Y se restriega con regustillo en su cojín, empezamos pronto.... Corre por el pasillo y le encantan las zapatillas, calcetines, ropa o peluche que quedan a su alcance. Todo un universo de nuevas sensaciones: los cables, el rollo de papel higiénico, el ambientador del WC.
Se queda C. a dormir, Otto no se resiste a darle las buenas noches y robarle una de sus zapatillas.
domingo, 9 de diciembre de 2007
9 – XII – 99: ñoña
Empieza la carrera. Mea y caga y a mi se me quitan las ganas de comer la magdalena con el café.
Llueve y Otto va en mis brazos, tapados los dos con el paraguas. Las calles desiertas. Agotada entro en casa de mis padres.
Despierta a mi madre y mi hermana asegura que ya no dormía.
Se queda allí y yo me marcho, como una intrusa. Qué dolor!
Llamo desde el trabajo, me cuentan que casi se come un cristal. Fue en coche y sigue llorando.
Cuando yo llego, él está jugando. Me acerco y ni se entera. Ni la más mínima reacción, vaya recibimiento.. De repente se percata de mi existencia, y se pone a cien, todo contento.
Mamá se queja de lo meón que es. Papá no le presta demasiada atención, Y yo, pre-reglosa....
Salimos de allí, ambos llorando.... En el fondo siento que les estoy cargando con una responsabilidad que no buscaban.
Hablo con mi madre por teléfono. Quiero que se lo piensen y si no puede ser, mañana devolvemos a Otto. Dice que de eso nada, que ya nos las arreglaremos. Otto me mira, aunque no entienda nada y yo me desahogo a gusto y me voy tranquilizando poco a poco. Creo que me pesa el cansancio y las dichosas hormonas.
C. y M. se acercan a conocerle. Gruñe (de miedo). Les encanta, le traen regalitos.
Después viene mi hermana, con unos huesos para desgastar su afilada dentadura (y así no nos machaque a nosotros y al mobiliario que le rodea). También trae una cama más grande para que descanse en su otra casa.
Se me pasó el berrinche “post-parto”.
Me cuenta que mamá sí que está encantada con Otto y que para ella es un sueño hecho realidad, como para mi. Pero entonces, ¿por qué me he puesto tan ñoña?
Corre por el pasillo a por el cojín que le lanzo, lo suelta y yo se lo mando lo más lejos posible una y otra vez.
Pongo su camita en mi habitación, y cuando me doy media vuelta ha desaparecido. Triunfal sobre su cama en el comedor, me mira retándome. Es un gamberro!!!
sábado, 8 de diciembre de 2007
8 – XII – 99: miedos
Durmió como un rey, en su cama o debajo de la mía.
Desayuno a lo troglodita.
Una meada sobre los periódicos (tres fuera), poco a poco.
Salimos con mis padres y llora en cada peldaño de las escaleras que baja. En la calle camina haciendo zigzag, y lloriquea, con la cabeza ladeada, en dirección a nosotros.
Vamos a ver a la abuela. Al verla, le gruñe y se esconde entre mis piernas. Con mi tía tampoco aumenta su grado de socialización. Sin embargo mucho mejor con mi prima.
Tarde casera, reorganizando todo. Y pronto a dormir que mañana toca madrugar. Se acabó el puente.
viernes, 7 de diciembre de 2007
7 – XII – 99: el veterinario
Toca visita al veterinaria. Su cartilla: 3 vacunas y pastilla para las lombrices.
Baja ya unas pocas escaleras. Da unos tímidos pasos al lado del portal de casa. La gente le mira.
Toca esperar nuestro turno en la sala del veterinario y cuando ya lo ve, le suelta tremendos ladridos. Su temperatura es de 38,9º (bien). Peso: 6 kilos 400 gramos (ya promete...), corazón, ojos, dientes, sanos. Le recortan las uñas.
Tarjeta con los teléfonos para las urgencias (caninas).
Compramos su champú, un cepillo y un peine para desenredar sus orejas. Nos regalan un precioso calendario.
Al salir anda un poquito más. Una niña con otro perro se acerca a darle unos mimos.
Sube al piso por su cuenta y a mitad de escaleras decide que es un buen momento para dejar huella (sus caquitas allí en medio). Me voy a poner en forma subiendo y bajando cuatro pisos.
Vamos a casa de mis padres y por la calle sigue con sus miedos, pero se va soltando.
Su primer pis sobre los papeles de periódico.
De vuelta a casa ya va el solo casi todo el camino, excepto para cruzar uno de los semáforos. Llora y le miran.
Vaya alegría al verse en su casa, en ese espacio protector!
Va conociendo a más gente, y siempre es lo mismo, les gruñe y después pasa olímpicamente de todos. Al ver a Elvis, el perrillo de mis vecinos, huye despavorido y se esconde debajo de mi cama. Mi héroe!
No parece muy sociable. Conmigo ya juega y después de tanto sobresalto engulle toda su ración de pienso.
Aparece mi hermana con regalitos para él: una camita, un bebedero rojo, una pelota con huesitos que pita al estrujarla, superado el susto inicial de ruido, se pone con ella unos 15 minutos y se o pasa como un enano. Da gusto verle así de feliz.
También prueba su cama y se acurruca todo contento.
A mi me trae un libro sobre los cócker.
A la hora de dormir, le cojo su cama y ya se viene conmigo
Ha sido un día muy intenso. Ha hecho grandes esfuerzos y no ha parado ni un segundo. Supongo que se dormirá (y yo dormiré).
Hay ya varios pises sobre los papeles de periódico y ya corretea por el pasillo y va por toda la casa. Todo lo muerde. Le encanta enganchar las zapatillas y la ropa que queda a su alcance, y arrastrarlo por el pasillo como un juguete muy divertido.
Parece feliz.
jueves, 6 de diciembre de 2007
6 - diciembre - 99: Primer día
Cuando me levanto, me hace ya una tremenda fiesta.
Le pongo agua fresca y su desayuno.
Me sigue por toda la casa.
Salimos a la calle (en brazos) hasta el piso de mis padres (con sus cosas dentro de la mochila),
Allí lo husmea todo. Y hace todas sus necesidades en cualquier sitio.
Me sigue, es como una sombra.
Ya de regreso, colocando una estantería y una mesa (estoy recién trasladada). Están B. y mi hermana con él.
Se marchan todos. ¿Sabré cuidarle? ¿Podré estar con él?
Empieza a jugar con la pelota.
Monta un ESCÁNDALO antes de acostarse. Se queda al lado de mi puerta de nuevo. Esta vez quiere entrar. En la cocina, lloriquea, llora con más fuerza, aúlla, LADRA.
Y yo haciéndome la fuerte. No le iba a permitir, todos me lo advirtieron, ganar esta batalla.
Cada vez peor. Se viene conmigo. Le pongo su manta y su cojín. Nada le sirve. Tiembla de arriba abajo.
Toda la noche debajo de mi cama. No puedo hacer otra cosa... y no pegar ojo por si le pasa algo....
En fin...
