The
Rider
De
la directora de Hamnet (la veré en breve, con prudencia porque la novela me
gustó mucho). Hace 4 años me pareció cautivadora su película Nomadland. Con The
rider he disfrutado y me ha interesado (a pesar de los distante que me siento
al mundo de los rodeos.
Un
accidente que cambia por completo su vida y le impide continuar con su pasión,
con los caballos. No se rinde (dice su progenitor que es tan tozudo como su
madre). ¿Hasta dónde va a luchar?
Preciosas
las relaciones que mantiene con su hermana y su mejor amigo (a quien admira y
ayuda en una situación dolorosa y compleja).
Las
escenas con los caballos son maravillosas. El porte y elegancia del animal. Sus
dotes para acercarse y generar confianza en los más salvajes o asustados. Las
caricias y a forma de hablares. El viento en la cara al galope. La venta o el disparo, desgarradoras.
Una
mirada repleta de dignidad. No siempre la actitud y los sueños son los que
marcan el camino. A veces hay que buscar otras opciones, y seguir.
Convincentes
y buenas las interpretaciones de la familia Jandreau. Imagino que el
protagonista es quien ha vivido lo que se nos narra.
Sinopsis:
Brady, joven estrella del rodeo y
talentoso entrenador de caballos, sufre un accidente que le incapacita para
volver a montar. Cuando vuelve a casa se da cuenta de que lo único que sabe y
quiere hacer es montar a caballo y participar en rodeos, lo que le frustra
vitalmente. En un intento por retomar el control de su vida, Brady emprende un
viaje en busca de una nueva identidad y del significado de lo que es ser un
hombre en el corazón de América.
Dirección
y guion: Chloé Zhao. Reparto: Brady Jandreau, Lilly Jandreau, Tim Jandreau. Música:
Nathan Halpern. Fotografía: Joshua James Richards. Estados Unidos 2017, 104
min. National Board of Review (NBR): Mejores películas independientes del año. Asociación
de Críticos de Los Angeles: Premio Nueva generación (Zhao). Premios Gotham:
Mejor película. British Independent Film Awards: Nom. mejor película
internacional. Festival de Cannes: Art Cinema Award: Ganador Quincena de
Realizadores.
Llenos
de vida
John
Fante
A finales
de 2008 (ya llovió) me encandilaba su novela Pregúntale al polvo, con prólogo
de Charles Bukowski. Allí disfruté con las aventuras de Bandini, soñador y
aspirante a escritor famoso y millonario. Hace unos días, en redes sociales,
alguien nombraba a este escritor y me entraron unas ganas tremendas de volver a
leerlo. No encontré el libro del que hablaban, y cogí este. Qué bien me lo he
pasado.
Con
un estilo muy característico, rotundo y ágil. Es de los que no te sueltan y
quieres seguir.
Su
mujer, muy embarazada. Dormir solo y contemplar el enorme bombo y las transformaciones
de ella. Orgulloso de su casa, de la época tranquila, con solvencia económica.
Hasta que una mañana el suelo de la cocina se hunde (es tan divertido) y surgen
las termitas. Entonces tendrá que recurrir a su padre. Es un albañil
experimentado. Viaja a casa de sus padres. Son una pareja aferrada a las supersticiones.
No dudan en regalarle todo tipo de consejos. El viaje en tren con su progenitor
no tiene desperdicio.
Mucho
más que humor. Aborda temas como la religión, la fe y la conversión. Las
complicadas relaciones familiares, cuando el hijo no cede a las imposiciones de
quienes creen saberlo todo. Miedos y culpas. Garrafas de vino. La llegada del
niño, las emociones y lágrimas. Qué difícil no caer en la cursilería. Qué
delicia.
Algunos
fragmentos
La
casa era grande porque nuestros proyectos también lo eran. El primero ya estaba
allí, un bulto en el vientre de la futura madre, un bulto de movimiento
sinuoso, deslizante y escurridizo, como un nido de serpientes. En las horas
tranquilas que preceden a la medianoche, pego la oreja al lugar y oigo un rumor
como de arroyo: gorgoteos, succiones, chapoteos.
Además,
estaba aquella necesidad febril que sentía por ella. La había sentido desde el
primer momento en que la vi. Aquella primera vez se me escapó, se fue de la
casa de su tía, donde nos habíamos conocido a la hora del té, y me sentí fatal
sin ella, un tarado absoluto hasta que la volví a ver. Por ella me habría
ganado la vida en otras lides –el periodismo, la albañilería–, donde fuera.
Todas las características de mi prosa se debían a ella. Porque yo no hacía más que
bregar con el oficio, lo odiaba, me desesperaba, estrujaba cuartillas y las
arrojaba al otro extremo de la habitación. Pero ella era capaz de dar utilidad
al material de que yo nunca sabía cuándo hacía las cosas bien y cuándo no,
creía que cuanto había escrito en mi vida estaba dentro de lo normal, ya que no
tenía forma de estar seguro. Pero ella sabía revisar las cuartillas, dar con lo
bueno y salvarlo, y pedir más, así que acabé acostumbrándome: yo escribía lo
mejor que sabía, le entregaba las páginas y ella pulía, cortaba y pegaba, y
cuando estaba todo terminado, con un planteamiento, un nudo y un desenlace, yo
me quedaba más asombrado que si lo hubiera visto impreso, porque de entrada yo
no habría podido hacerlo solo.
El
niño se interpuso entre nosotros, como una piedra. Yo estaba preocupado y me
preguntaba si alguna vez volvería la normalidad de antes.
Sinopsis:
Los Ángeles a comienzos de los años
cincuenta, la década en que los norteamericanos identificaron la prosperidad
con los valores familiares y religiosos, la década en que todos los californianos
de clase media querían una casa espaciosa en un barrio residencial. En una de
estas casas, pero con termitas en la cocina, niebla tóxica en la calle y un
tráfico infernal a cincuenta metros, vive un próspero guionista de la Paramount
que a los treinta años ha renunciado a la rebeldía juvenil, ha sentado la
cabeza y va a ser padre por primera vez. Se llama John Fante y ha escrito tres
novelas.
Comedia
acerca de la integración y el conformismo, en un registro en que la sátira de
los mitos norteamericanos de la época aparece hábilmente combinada con el
sentimentalismo y la ternura que suelen acechar en la prosa siempre corrosiva
del autor. Los tres temas básicos que articulan la historia son típicos: los
hijos, la casa y la religión.
Aparecida
en 1952, señala un punto de inflexión en la trayectoria del autor, que dejaría
la literatura durante más de veinte años para dedicarse al cine casi en
exclusiva.
Traducción:
Antonio Moya Valle. Editorial Anagrama, Barcelona 2008. Número de páginas: 160.
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