No va a ser fácil explicar en pocas frases lo mucho que me ha cautivado esta historia. Monique me lo recomienda y reconozco que al leer el argumento, no sentí demasiada curiosidad. El cine y la literatura han tratado en numerosas ocasiones este tema y me planteaba si existen abordajes originales.Una amiga, buscando por la red encuentra esta edición de bolsillo y me pide que se lo compre. Está agotado, pero supongo que debido a su reciente adaptación cinematográfica, lo reeditan. Me hago con un ejemplar y antes de dárselo a la interesada, le echo un vistazo, leo las primeras páginas y ya no puedo parar hasta el final. Es impresionante. Es directo y sencillo, pero emociona y nos lleva de la mano hasta la mente de los dos protagonistas.
Un adolescente de quince años tiene sus primeras relaciones sexuales con una mujer que le dobla en edad.
“Es difícil adivinar una edad a la que aún no se ha llegado ni se está a punto de llegar.”
De repente desaparece y años más tarde la volverá a encontrar en un juicio, donde descubre su pasado abominable.
“A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada.”
Desde aquí se establece una lucha entre los sentimientos de amor-odio, comprensión-condena, que acaba por provocar un aturdimiento, a modo de anestesia, que amortigua el dolor.
“Yo la había querido. No sólo la había querido, sino que la había escogido. Me replicaba a mi mismo que en el momento de conocer a Hanna no sabía nada de su pasado. Y así intentaba refugiarme e esa inocencia con la que los hijos aman a los padres. Pero el amor a los padres es el único del que no somos responsables.”
Nos habla de las generaciones posteriores al holocausto, de cómo los hijos juzgan a sus propios padres por apoyarlo o por permitirlo con su pasividad.
Otro tema que aborda con extrema delicadeza es el analfabetismo. Como una persona puede pasarse toda la vida ocultándolo por vergüenza.
“Durante aquellos años yo había leído todo lo que había encontrado sobre analfabetismo. Sabía de la impotencia ante situaciones totalmente cotidianas, a la hora de encontrar el camino para ir a un lugar determinado o de escoger un plato en un restaurante; sabía de la angustia con que el analfabeto se atiene a esquemas invariables y rutinas mil veces probadas, de la energía que cuesta ocultar la condición de analfabeto, un esfuerzo que acaba marginando a la persona del discurrir común de la vida. El analfabeto es una especie de minoría de edad eterna.”
Lo expuesto en la contraportada no siempre es una buena pista para desechar una lectura. Gracias Monique, y gracias a las casualidades que siempre me tienden una mano. Estoy plenamente convencida de haber empezado el año con un tesoro literario.
HACE UN AÑO: Alerta naranja












