Lento y salvaje
Ricardo Lezón
Fue un regalo de cumpleaños. Lo iba leyendo despacio, en el desorden de fechas, ese mismo desorden de la llegada de los recuerdos.
Ricardo forma parte de una de mis bandas favoritas: McEnroe. Tuve la oportunidad de verlos en directo y fue una experiencia increíble. Teatro Principal (Pontevedra, 19 – X – 19), en horario de mañana, muy emotivo.
Me gusta todo de su música: las letras, la parte instrumental y su voz. Me gusta su presencia en el escenario y el contacto con el público. Ahora le tocaba el turno a la faceta más íntima y personal. Antes de comenzar el libro siento cierto vértigo. ¿Y si resulta que no me cae bien?
Bien se queda lejos. Me ha encantado, tanto su forma de relatar, como el contenido relacionado con su propia vida, con la música. Ha sido casi un encuentro cara a cara con alguien a quien ahora admiro mucho más.
He señalado canciones que cita, referencias musicales y literarias. He creado una lista en Spoty.
Y, sobre todo, he subrayado frases y párrafos.
Voy a hacer una selección (tarea complicada):
No ganábamos dinero con la música, tampoco lo pretendíamos, nunca lo hemos hecho.
[...] salvaguardar todo aquello que me hace feliz del peligro de convertirse en una obligación.
El silencio es tierra donde crece todo.
Aparecen silencios y los puentes que los unen y los separan se construyen solos.
Solo existía el instante, el horizonte, y nunca el resultado.
Cuando sientes que te escuchan, lo importante crece y lo vacío se delata.
[...] siguiente paso [...] algo único, bonito y diferente. [...] Hacer canciones que después, al escucharlas en el coche, nos sorprenda haberlas hecho nosotros sigue siendo la única pretensión.
[…] La libre contemplación de las cosas rellenó una parte de mí que permanecía vacía […] Redescubrí que dejarme llevar por mis impulsos es lo que más me acerca a quien quiero ser.
Yo necesitaba las palabras. Muchas veces, en un error catastrófico, les he dado más importancia que a los hechos.
Una conversación amable es el mejor ansiolítico que conozco.
Nunca me ha gustado el mundo, nunca me he sentido cómodo en él y para poder sobrevivir construí uno más pequeño.
[…] la emoción, el disfrute y, sobre todo, la conexión con quienes vienen a escucharnos.
[…] es un privilegio
Los sueños se dejan gran parte de su tersa piel colgada de la alambrada que les separa de la realidad […] Ahora aquel sueño ya era realidad, había que conseguir que la realidad se pareciese a él.
Encontrar la melodía y sentir como salen las frases me produce una felicidad silvestre que se expande formando un paisaje […] no hay nada que me guste más que despertarme y no tener nada que hacer excepto estar.
Hay algo en mí que me separa de mí cuando tengo que salir al mundo exterior.
El peligro de creerse especial y del desastre de no sentirlo nunca. De las líneas de las manos que podemos dibujarnos cada uno.
Siempre canto con los ojos cerrados
El coche es mi lugar favorito para escuchar los discos […] como si las canciones al sonar se fuesen esparciendo por los lugares por los que paso.
[…] peleo contra esa tristeza que se me posa suave después de cada actuación....
No existe mayor logro al que pueda aspirar la música que el de acompañar, hacer que te sientas menos solo.
Abrirle un pequeño camino a la belleza, a la sensibilidad, a la bondad, dejarlas entrar, tratarlas como al único jardín que permanecerá y nos hará permanecer.
En este mundo uno no sabe muy bien si dejarse llevar por sus sueños es una fortaleza o una debilidad.
Siempre me ha costado pertenecer a algo […] Nunca he tenido objetivos en la música más allá de hacer canciones.
Esta es la autobiografía de Ricardo Lezón, líder de la icónica banda McEnroe, que cumple veinte años de vida, con más de siete álbumes publicados y cientos de miles de kilómetros de carretera y escenario. La de McEnroe es la historia de un éxito extraño, de dos décadas dedicándose a la música sin convertirla nunca en un trabajo, dejando crecer siempre la semilla de lo espontaneo, con la confianza de sus propios pasos
Editorial
Plaza & Janes, 2023. Número de páginas: 248. Acceso al inicio.




















































