El blog El cine sin gafas, en apenas cuatro líneas, habla de esta película, con nocturnidad y
alevosía. Y a mi me sobra tiempo para ir a la biblioteca a por ella.
Un comandante alemán de submarinos es enviado a las islas Órcadas con la
misión de destruir la flota británica. Allí contará con la complicidad de una
novata maestra de escuela.
No suelo entusiasmarme con el cine bélico. Si hay suspense y espías de por
medio, la cosa cambia.
Con un principio que atrapa. Todos los preparativos para la llegada del
comandante alemán. Alrededor de unos documentos, descifran la misión que se les
encomienda. Una moto dentro del submarino resulta una pieza clave, y extraña.
Una mujercita ingenua se va a la lejana isla a trabajar como maestra. Antes
de subirse al barco aparece un coche con una dulce anciana que se ofrece a
llevarla. Todavía hay gente amable por el mundo…
Es de noche, pies en tierra, y un encantador rebaño de ovejas da la
bienvenida.
Ella lo espera asomada a la ventana. Juego de luces encendidas que han de
apagarse. El vigilante acecha.
Contraseña y ambos dentro de la casa. Una cena que incluye viandas escasas
en tiempos de guerra.
A partir de ahí se generarán una serie de acontecimientos encaminados a la
consecución del hundimiento de la flota enemiga.
El pastor y su esposa, que ofrecen hogar y alimentos, a cambio de estar
informados, y salvaguardar la dignidad femenina de las habladurías locales.
Ese novio que cargado con un pesado fonógrafo y discos, quiere sorprender a
su amada, y llenar su soledad de melodías. Y vaya que hay sorpresa….
El borracho traidor que vende su alma al diablo.
La tripulación del barco – bañera que conecta la isla con el continente.
Trama de intriga hasta el último momento. Espías, identidades confusas,
romances y pasiones, mucho humor y acción. Muy recomendable
















































