La edad infinita
Me provoca curiosidad la voz de escritoras que no conozco, como es el caso de Miriam Reyes (Ourense). Debuta en prosa, tras un recorrido poético.
La historia, como gallega, me toca de cerca. A mi alrededor, varias personas que nacieron en Venezuela porque sus padres emigraron para poder conseguir una vida mejor. También era bastante común que los hijos pequeños se quedaran en la tierra natal, al cuidado de la familia (abuelos). Me resulta novedosa la época, más reciente, y las consecuencias que marcaron vivencias tan diferentes y un retorno acelerado.
Destaco: la forma de narrar, la estructura, el diálogo con la “patria”. Me ha hecho reflexionar sobre las diferencias culturales y lingüísticas, el rechazo y el anhelo de pertenencia. Progenitores rodeados de compatriotas frente a hijos sintiéndose venezolanos. La educación religiosa frente a la apertura al pensamiento crítico y las sensaciones de libertad en la universidad. Niñez frente al inicio de la edad adulta. Etnocentrismo: visiones contrapuestas de lo que significa el “Descubrimiento” o la celebración del 12 de octubre.
Una grata sorpresa.
Fragmentos guardados
Le va a pasar toda la vida. El momento presente es demasiado rápido para ella. Su velocidad la marea, le hace vomitar por la ventanilla. Lo que la reconforta, como una especie de abrazo, es lo que ya sucedió. A lo que ya sucedió puede volver un número infinito de veces. Se puede detener todo el rato que quiera en lo que ya sucedió y mirarlo desde diferentes ángulos.
[…] nada detiene a la madre, que obra por su bien.
También recuerdo a personas adultas preguntándole a quién quería más, si a los abuelos o a los papás. Por qué le hacían esa pregunta. A lo mejor es que sospechaban, a lo mejor es que se le notaba que había olvidado a los padres.
¡Qué línea tan fina entre la distracción y el engaño!
Es una niña de comportamiento estático. Abúlica. Hermética. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Porque todo le pasa por dentro y por dentro no pueden vigilarla.
Cuando escribe cartas las firma con el viejo nombre para ser reconocida por los seres de su vida anterior.
Lo más probable es que no envíe esa carta, aunque la guarde en su cofre. Ha descubierto que las mejores misivas son las que no se envían, libres de imaginar al otro sin tener que enfrentarse a su lectura y, menos aún a su respuesta, al desfase que supone el otro no imaginado por mí, con su propia voz, cada vez más débil de reconocer, y sus ideas, cada vez más extrañas.
Editorial
Tránsito, 2025. Número de páginas: 184. Acceder al inicio.

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