jueves, 25 de agosto de 2011

Literatura japonesa en agosto

Dos autores que escriben desde la distancia de los años.


La bailarina – Ogai Mori


Es de esos libros que cautiva por su portada y su formato. Pequeño, diminuto, ideal para llevar en el bolso y leer en cualquier sitio. Con momentos para la reflexión sobre aquello que deseamos en la vida y un final que no me ha gustado nada.


Parecía como si mi verdadero yo, profundamente aletargado hasta ese momento, fuera aflorando poco a poco a la superficie, y amenazase a mi yo anterior. Me di cuenta de que no alcanzaría la felicidad ni como político de altos vuelos, ni como jurista que recita estatutos de memoria y dicta sentencias.



Vita sexualis: (el aprendizaje de Shizu) – Ogai Mori


Un poco más extenso que el anterior, pero de muy fácil lectura. No me ha convenido del todo.


Escritor admirado por Yukio Mishima, quien no era muy aficionado a alabar a otros autores. Desconocía su obra y sentía gran curiosidad.



Sayonara, Mio – Takuji Ichikawa


Otra portada que llama la atención (la verdad es que me dejo llevar muchas veces por esa atracción inicial).


Amor entre dos personas que se consideran diferentes a los demás. Un amor que sobrevive a la muerte y que salta la barrera del tiempo para otorgar una segunda oportunidad de enamorarse y aprender. Un tanto empalagoso, de muy ágil lectura y con detalles tiernos y hermosos.


En ocasiones me preocupa, pues me pregunto si tiene cabida entre unas muchachas que se enorgullecen de expresar su personalidad. Si le dieran un ligero codazo o la empujaran con el pie, en un momento determinado se caería por el borde del mundo.


A lo mejor, cuando los fantasmas regresan a la Tierra pueden mostrarse tal como eran en la época más feliz de su vida.


Gracias a una repetición interminable, los recuerdos se habían vuelto mucho más hermosos y espectaculares que en el pasado real, y finalmente podían llegar a ser tan bellos como los sueños.


La hipocondría es como un perro que da vueltas y más vueltas sin moverse del mismo sitio, preocupado sin ninguna razón por el olor de su propio culo.



HACE UN AÑO: Mis tardes con Margueritte

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