miércoles, 4 de noviembre de 2026

19 cumpleaños. Tres adioses y Tres cuencos

El lunes 9 de febrero iba al cine por segunda vez este año. Salí conmovida. Esa misma noche, en casa, vi el episodio de Imprescindibles de La2 de RTVE. En junio leí el libro del que parte el guion. Hace unos días volvía a la película desde el sofá de mi salón. Con mis impresiones quiero celebrar el cumpleaños del blog de 2026. Nada más y nada menos que 19 años de Tartaruga.

Tres adioses 

Voy a unir sensaciones del primer y segundo visionado. Mantengo y reafirmo mi opinión: sublime. 

Una de las directoras que sigo y admiro. Con este estreno iba un tanto temerosa. Solo leía críticas muy positivas, y cuando las expectativas se disparan, en ocasiones huele a posible decepción. 

Otra tarde de lluvia, muy gris. Sala de cine bastante llena en primera sesión. 

Marta tiene su propia teoría sobre el baile de los estorninos, y la desvelará al final. Detalles que unen las piezas con delicadas y sutiles puntadas. 

Cuando una relación se termina surgen las preguntas impregnadas de recuerdos y flashes, de disfrute en común, de amor e ilusiones. 

¿Dónde ha acabado todo ese amor?

¿Dónde han acabado todos esos momentos?

 

Cuando estaba entre sus brazos me sentía tranquila, en paz.

Creía que era indestructible. 

El deambular de un hombre que no sabe qué motivos le llevan a romper y tampoco qué le unía a ella.

Cuando la vuelve a ver, su ex (quien decidió dejarla), lo primero que dice es lo mucho que ha sufrido (él).

Ella se ha sentido mejor después de la ruptura (tras el duelo). Cuando surge la enfermedad descubre cosas que de otra manera nunca habría visto. 

Echarse de menos, expresarlo y sentirlo. Quien es dejada, quien decide marcharse, quien anticipa la ausencia ante un viaje anunciado. Los besos, la presencia del otro. 

La importancia del humor. Chistes que aportan confianza y seguridad. Una seña de identidad. (Marx y San Pedro). Además de provocar risas, logran distender el ambiente tras discusiones. 

Lo que más echo de menos son los chistes. 

Algunas cuestiones que aparecen casi de puntillas, al fondo. 

Reseñas de restaurantes. Consecuencia entre bromas: si hace falta cambiar una de las especialidades por una rica hamburguesa, pues se hace, y ya está. Soledad de quien las escribe, curiosidad de quien las lee a modo de distracción (persianas). Críticas feroces como arma vengativa. Mensajes de amor. 

Ciudad invadida por turistas. Barrios donde los habitantes de Roma no viven, no pasean. La cámara se enamora de las calles, con mirada atenta, 

La alimentación, las rutinas. Añorar a quien preparaba las comidas para ella. Degustar sabores, dedicar tiempo y cariño. 

El personaje de Marta es cautivador: “me avergüenzo de casi todo”, “no se me da bien y ya está”.

En el trabajo pasa de todos los mails. Su compañero envidia su manera de estar: 

Evitas las cosas que no te gusta hacer

Basta con pedalear 

Su alegato en el entierro de la paloma (autolesiones y crueldad). Conversaciones con la hermana (verborrea oculta tras la máscara de la felicidad y el hacer constante), con la camarera que trabaja con su ex (dispersión vocacional, exaltación y abandono), con un interlocutor que jamás juzga ni interrumpe (aprender coreano), con los profesionales sanitarios (acude sola a las consultas médicas, casco de ciclista y ameba), con Antonio (desgarrador reencuentro), con su compañero (la cena en casa de ella, una escena sublime). 

Ver lo que jamás he podido ver. 

Te voy a extrañar muchísimo

Soy feliz todos los días si consigo verte 

Una breve e intensa conversación. Marta pregunta en qué se ha equivocado. Y su médica, capaz de escuchar y acoger, le responde: 

Somos seres complejos y a veces la voluntad no tiene nada que ver 

Habla sobre el sentido de vivir. Imposible no derrumbarse ahí. 

Momentos

La casa vacía, come algo de pie, vomita y se tumba sobre el suelo a la luz de un rayo de sol. 

El helado en el suelo. Degustar, en calma, sabores de un helado recién comprado. De nuevo se siente capaz de disfrutar. Compra una planta. 

Cocina y come en los tres cuencos. En el interior de la cocina, apertura de la nevera, utensilios y sus movimientos. Me hace sentir dentro de ese hogar. 

Petición concisa a su hermana sobre la fiesta. Le pide que haga lo que realmente quiera ella, que viva. 

Vivir la vida de verdad

Incluso por esto, por todo 

Una razón para cada cosa

¿Por qué los pájaros bailan?

¿Por qué nos sentimos infelices? 

¿Qué hacemos cuando la vida nos zarandea y de pronto lo que era tan importante se convierte en superfluo, prescindible? Ese amor que todo lo sostenía, que le aportaba seguridad. El diagnóstico de una enfermedad terminal que solo admite cuidados y tratamientos paliativos. ¿Cómo continuar entonces? Donde el dolor ocupaba todo el espacio, surge la fuerza y el deseo de seguir, de vivir de otra manera. Esperanza y descubrimientos asombrosos. 

La mayor parte de las cosas, incluida la vida, no tienen ningún porqué

Me habría gustado entenderlo antes 

Tú aún tienes tiempo 

Nosotros, espectadores, todavía estamos a tiempo.

Música

Sant´allegria – Ornella Vanoni con Mahmood. 

Marta pedalea en su bicicleta, al salir de la consulta, con las pastillas y la metástasis.

Senza fine – Gino Paoli

I get alone without you very well (except sometimes) – Nina Simone 

Con el compañero de trabajo en su casa. Una secuencia bellísima. Y a continuación la fiesta… 

Jirko, gracias. Cuídate 

Sutileza. Sosegada y luminosa. Honesta, bella, conmovedora. 

Sinopsis: Tras lo que parecía una discusión sin importancia, Marta y Antonio se separan. Él, un chef prometedor, se refugia en sus fogones; ella, en su silencio, empieza a notar algo más que tristeza: ha perdido el apetito… y no solo por desamor. Cuando descubre que detrás hay un problema de salud, todo da un giro inesperado: la comida sabe mejor, la música le llega como nunca y el deseo despierta sus ganas de vivir sin miedo. 

Título original: Tre ciotole. Dirección: Isabel Coixet. Guion: Enrico Audenino, Isabel Coixet. Novela: Michela Murgia. Reparto: Alba Rohrwacher, Elio Germano, Sofia D'Elia, Francesco Carril. Fotografía: Guido Michelotti. Italia 2025, 120 min. 

Las gafas de Isabel Coixet


Sus gafas extravagantes, originales (no usa lentillas).
Infancia al lado del cine.
Mejor desarrollar más de un proyecto a la vez (no todos salen adelante).
La primera creación fue un fracaso. Los ingresos obtenidos con sus trabajos en publicidad le permitieron financiar Cosas que nunca te dije.
Hacer del hándicap el impulso.
Obstinación y tenacidad. 
El personaje y el ego. Su timidez en las entregas de premios. Hacer como si fuera una mujer segura.

De la entrevista en el programa Página2

Grabada en super-8
Sobre esta adaptación: “lo que me ha despertado el libro y después traducirlo con respeto, pero sin piedad”.
“Es más fácil que te produzcan una adaptación que un guion original”.
“No quería hacer este libro, ya había dicho sobre la muerte y la enfermedad todo lo que tenía que decir en Mi vida sin mí”, pero después de leerlo, tras mucha insistencia, el productor la convenció.
La importancia de los libros para la directora: son su gasolina. Le encanta estar rodeada de libros. “Un libro es una casa”.

Playlist de Isabel Coixet (10 horas).

Escribí una reseña sobre el volumen con una recopilación de artículos: No te va a querer todo el mundo. Desde la entrada, enlazo las publicaciones dedicadas a sus películas. 

Tres cuencos


Rituales para un año de crisis
Michela Murgia 

Libro inacabado publicado tras la muerte de la escritora. Cuentos concebidos durante el confinamiento; algunos muy personales. Son textos independientes, no guardan conexión entre ellos. Isabel Coixet ha tejido una historia con detalles y su estilo tan personal. Me hubiera encantado que mantuvieran el mismo título, en lugar del tan explícito Tres adioses. 

Algunos fragmentos 

Hay tres cosas que no se pueden esconder: el estornudo, la belleza y la pobreza. 

Una turba permanentemente hambrienta que si no mastica no sabe decidir nada, desde si dejarse el pelo blanco o teñírselo, hasta el nombre del hijo a punto de nacer. 

Estaba convencido de que la había dejado porque ya no la amaba, pero la había amado lo suficiente para saber que los recuerdos son más persistentes que las personas.

A Michela Murgia la leía en marzo con una novela peculiar: La acabadora. Seguía la pista tras ver Tres adioses. Con un desenlace sobrecogedor y unos personajes que se te quedan muy adentro, me gustó su narración, su prosa. Autora sobre la que seguiré leyendo.

Sinopsis: Se enamoran de una figura de cartón o de un soldado en miniatura, odian a los niños aunque los lleven en el vientre, abandonan a una mujer pero permanecen prisioneros de ella, vomitan amor y rabia, se autolesionan, traicionan, enferman. Estos son algunos de los personajes que conforman este sobrecogedor libro hecho de historias que se funden las unas en las otras, en las que todos los protagonistas están marcados por algún cambio que los obliga a encontrar formas inéditas de supervivencia emocional. A veces por un duelo, una lesión, un despido, una enfermedad, la pérdida de una certeza o de un amor, pero siempre a causa de un cambio en el horizonte que no deja escapatoria y que pulveriza certezas y esperanzas. 

Título original: Tre ciotole. Rituali per un anno di crisi. Traducción: Carlos Clavería Laguarda. Prólogo: Isabel Coixet. Altamarea Edición de Libros, 2025. Número de páginas: 184. Acceso al inicio.