
En las vacaciones de Semana Santa todos mis amigos estaban fascinados con esta serie y a la vuelta me decidí, y entendí de inmediato tanta alabanza.
Ambientada de forma exquisita y con unos personajes espléndidos.

La familia Grantham-Crawley tiene un gran problema con la sucesión del mayorazgo: no hay varón heredero directo, y aparece un primo lejano que en un principio no parece el más adecuado para quedarse con semejante tesoro. Todo se podría solucionar con un matrimonio muy conveniente entre Mathew y Mary, la hija mayor.

La abuela de Mary y la madre de Mathew protagonizan constantes trifulcas, que darán lugar a momentos brillantes.
El matrimonio Grantham, ahora forma una pareja sólida, aunque sus inicios no fueron precisamente románticos. Tienen tres hijas. Entre las dos mayores existe una fuerte rivalidad que les llevará a hacer cualquier cosa con tal de fastidiar a la otra. La pequeña ayuda a la doncella y lucha por los derechos de la mujer, encontrando un gran aliado en el chofer socialista.
Los criados, divididos en una férrea jerarquía, dirigidos por el señor Carson y la ama de llaves señora Hughes, ambos rectos y leales, con un pasado a sus espaldas que se irá desvelando poco a poco.

Los malos, malísimos, O´Brien y Thomas, la ingenua Daisy que se lleva todos los gritos de la cocinera gruñona y los buenos, Anna, Bates y William.
A la espera de la segunda temporada, dejo aquí algunos momentos memorables de estos primeros episodios.
El criado plancha la prensa cada día para que los señores la lean.
¿Qué es un fin de semana? (la condesa viuda en cuyo vocabulario no ha estado nunca el término trabajo, se asombra ante esta expresión tan extraña equivalente a ocio o descanso).
Todo el mundo desfila hacia el altar con la mitad de su historia escondida. (Otra genialidad de esta condesa que no comparte la idea de sinceridad plena de su nieta).
¿Existe algo peor que perder a una doncella?
Hay delitos peores que la lealtad. (Daisy añade condimentos extra a los platos de la cena, con un claro objetivo).
Los alegres Charlies, difícil imaginar las ocupaciones anteriores de alguien que cumple con rigor sus labores como sirviente.
Sin duda el mejor momento, las extrañas circunstancias de la muerte de Pamuk.
HACE UN AÑO Y UN DÍA: El hombre del tren
HACE UN AÑO: París – Darjeeling





























