Final de partida
No sé a qué libro pertenece la siguiente cita de May (leída en redes sociales): Quizá la clave de todo no esté en soltar, como creía hace tiempo, sino más bien en mantener un profundo vínculo con algo y aferrarse a él.
En esos lazos que nos sostienen, dan forma y abrazan, se encuentran los diarios de la escritora May Sarton. Me resulta difícil expresar la intensidad y amplitud de lo que me hace sentir mientras la leo. La siento, a ella, cercana. Me paro y saboreo párrafos, reflexiones. Tomo notas. Me transporta a mundos de serenidad y amistad. Mucho más que una simple lectura.
Temas presentes, los habituales en sus textos: soledad, belleza, amistades, visitas, animales y vegetación (sus queridas plantas y flores), escritura, libros, arte y cine. Mayor presencia tiene el deterioro, los miedos y la autonomía reducida y dañada.
Fragmentos guardados (he copiado muchos más, pero voy a seleccionar los que más me han calado hondo).
Quizá es simplemente que, hasta cierto punto, la familia es algo que puede darse por sentado. "El hogar es aquel lugar donde si tienes necesidad de ir, ellos deben acogerte", decía Robert Frost. Es lo que ocurre cuando estamos enfermos entonces, la ausencia de una hermana o hermano se acusa en mayor medida.
[…] los libros son lo que me mantiene viva...
[…] estas lagunas me dejan desorientada, como si las palabras fueran marcas en los mapas que me revelan dónde estoy, o dónde estuve hace poco. Sin ellas, no sé a ciencia cierta en qué lugar me encuentro ni quien soy. Confío en que no se trate de alzhéimer.
[…] siempre consigue que me ría de mí misma y me infunde valor con una amabilidad infinita […] Ha sido una ayuda fundamental a la hora de mantener el norte.
La razón por la que echo tanto de menos a mis padres en esta época es, en parte, la falta de conversaciones a la altura de las suyas, con esa misma amplitud y profundidad. Siempre ansío saber de las vidas que, de algún modo, han rozado la mía, y escucho los relatos de lo que acontece, pero la mayoría de veces eso me deja la imaginación intacta, medio dormida.
Después de todas las luchas que conlleva escribir, es muy importante que te escuchen.
Yo no gané lo suficiente como para vivir solo de la escritura hasta cumplir los 65: la alternaba con la enseñanza y los recitales poéticos. No deja de ser irónico que, ahora que gano mis buenos derechos de autora, no pueda aprovechar el preciado tiempo que me otorgan porque estoy enferma.
Invitar
a una amiga me brinda, en cierto modo, la sensación de que tengo una vida y no
soy del todo inútil.
Cuando empecé este diario me sentía acabada. El pasado usurpaba el presente y no parecía haber futuro, pero últimamente he ido recreando, poco a poco, a una persona, la persona que soy ahora, por lo que empiezo a vivir de nuevo.
[…] pero en los últimos días he comprendido que no existe medicamento capaz de ayudarme, lo único que puedo hacer es aprender a convivir con la enfermedad y olvidarme de la posibilidad de que un médico encuentre una solución.
¿Qué será lo que lo hace tan adorable y enriquecedor? Creo que es el hecho de desbordar amor y curiosidad por las personas, sean del tipo que sean, y que su interés se vuelque en toda clase de historias....
Una de las cosas más extrañas que este estado de extrema debilidad ha entrañado en mí es el derribo de toda barrera protectora entre mi sensibilidad y el sufrimiento del mundo.
Lloremos juntas, como siempre hemos hecho.
En cierto modo, tomar decisiones es lo que más me cuesta. Me siento muy pasiva, como si todo lo que me rodea no tuviera que ver conmigo, por decirlo de algún modo, aunque la realidad es que estoy al mando y no puedo renunciar a seguir llevando esto adelante.
En estas fechas navideñas siempre soy muy consciente de los amigos, del rico acervo que poseo en amistad y ahora todos ellos me demuestran su cariño de un modo muy hermoso.
Un día tras otro, me llegan buenas noticias de personas que están muy lejos pero sobre las que ansío saber, aunque no las tenga presentes a cada momento. Esa es una de las razones por las que, cada mañana, de buena gana me dispongo -sin correr- a empezar el nuevo día y sentirme un poquito mejor. ¡Qué fabulosas son esas palabras!
[…] la soledad sin compañía sería algo miserable y, al final, tal vez se acabaría menoscabando la personalidad. No podemos nutrirnos día y noche de lo que tenemos dentro; debe haber algo que nos alimente desde el exterior.
[…] la felicidad sucede por momentos, y casi cada día contiene uno.
Siempre me asombra y extraña la paz que los lectores encuentran a través de mis libros, pese a que suelo escribir sobre temas dolorosos.
Sinopsis: Aquejada por la edad, Sarton dedica gran parte de su energía a luchar por su salud. Sin embargo, como demuestra este relato, hizo lo que quería, perseverando en el trabajo, las amistades y el amor por la naturaleza y descubriendo en el proceso nuevos paisajes en el país de la vejez.
Traducción: Blanca Gago. Gallo Nero Ediciones, Madrid 2026. Número de páginas: 352. Acceso al inicio.
He
escrito sobre otros libros de May Sarton: Dos diarios maravillosos: Diario de una soledad y La casa junto al mar Y una novela durísima con la que no he
conectado tanto: Lo que somos.

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