lunes, 13 de julio de 2026

The Rider + Llenos de vida

The Rider 


De la directora de Hamnet (la veré en breve, con prudencia porque la novela me gustó mucho). Hace 4 años me pareció cautivadora su película Nomadland. Con The rider he disfrutado y me ha interesado (a pesar de los distante que me siento al mundo de los rodeos. 

Un accidente que cambia por completo su vida y le impide continuar con su pasión, con los caballos. No se rinde (dice su progenitor que es tan tozudo como su madre). ¿Hasta dónde va a luchar? 

Preciosas las relaciones que mantiene con su hermana y su mejor amigo (a quien admira y ayuda en una situación dolorosa y compleja). 

Las escenas con los caballos son maravillosas. El porte y elegancia del animal. Sus dotes para acercarse y generar confianza en los más salvajes o asustados. Las caricias y a forma de hablares. El viento en la cara al galope.  La venta o el disparo, desgarradoras. 

Una mirada repleta de dignidad. No siempre la actitud y los sueños son los que marcan el camino. A veces hay que buscar otras opciones, y seguir. 

Convincentes y buenas las interpretaciones de la familia Jandreau. Imagino que el protagonista es quien ha vivido lo que se nos narra. 

Sinopsis: Brady, joven estrella del rodeo y talentoso entrenador de caballos, sufre un accidente que le incapacita para volver a montar. Cuando vuelve a casa se da cuenta de que lo único que sabe y quiere hacer es montar a caballo y participar en rodeos, lo que le frustra vitalmente. En un intento por retomar el control de su vida, Brady emprende un viaje en busca de una nueva identidad y del significado de lo que es ser un hombre en el corazón de América. 

Dirección y guion: Chloé Zhao. Reparto: Brady Jandreau, Lilly Jandreau, Tim Jandreau. Música: Nathan Halpern. Fotografía: Joshua James Richards. Estados Unidos 2017, 104 min. National Board of Review (NBR): Mejores películas independientes del año. Asociación de Críticos de Los Angeles: Premio Nueva generación (Zhao). Premios Gotham: Mejor película. British Independent Film Awards: Nom. mejor película internacional. Festival de Cannes: Art Cinema Award: Ganador Quincena de Realizadores.  

Llenos de vida

John Fante 

A finales de 2008 (ya llovió) me encandilaba su novela Pregúntale al polvo, con prólogo de Charles Bukowski. Allí disfruté con las aventuras de Bandini, soñador y aspirante a escritor famoso y millonario. Hace unos días, en redes sociales, alguien nombraba a este escritor y me entraron unas ganas tremendas de volver a leerlo. No encontré el libro del que hablaban, y cogí este. Qué bien me lo he pasado. 

Con un estilo muy característico, rotundo y ágil. Es de los que no te sueltan y quieres seguir. 

Su mujer, muy embarazada. Dormir solo y contemplar el enorme bombo y las transformaciones de ella. Orgulloso de su casa, de la época tranquila, con solvencia económica. Hasta que una mañana el suelo de la cocina se hunde (es tan divertido) y surgen las termitas. Entonces tendrá que recurrir a su padre. Es un albañil experimentado. Viaja a casa de sus padres. Son una pareja aferrada a las supersticiones. No dudan en regalarle todo tipo de consejos. El viaje en tren con su progenitor no tiene desperdicio. 

Mucho más que humor. Aborda temas como la religión, la fe y la conversión. Las complicadas relaciones familiares, cuando el hijo no cede a las imposiciones de quienes creen saberlo todo. Miedos y culpas. Garrafas de vino. La llegada del niño, las emociones y lágrimas. Qué difícil no caer en la cursilería. Qué delicia. 

Algunos fragmentos 

La casa era grande porque nuestros proyectos también lo eran. El primero ya estaba allí, un bulto en el vientre de la futura madre, un bulto de movimiento sinuoso, deslizante y escurridizo, como un nido de serpientes. En las horas tranquilas que preceden a la medianoche, pego la oreja al lugar y oigo un rumor como de arroyo: gorgoteos, succiones, chapoteos. 

Además, estaba aquella necesidad febril que sentía por ella. La había sentido desde el primer momento en que la vi. Aquella primera vez se me escapó, se fue de la casa de su tía, donde nos habíamos conocido a la hora del té, y me sentí fatal sin ella, un tarado absoluto hasta que la volví a ver. Por ella me habría ganado la vida en otras lides –el periodismo, la albañilería–, donde fuera. Todas las características de mi prosa se debían a ella. Porque yo no hacía más que bregar con el oficio, lo odiaba, me desesperaba, estrujaba cuartillas y las arrojaba al otro extremo de la habitación. Pero ella era capaz de dar utilidad al material de que yo nunca sabía cuándo hacía las cosas bien y cuándo no, creía que cuanto había escrito en mi vida estaba dentro de lo normal, ya que no tenía forma de estar seguro. Pero ella sabía revisar las cuartillas, dar con lo bueno y salvarlo, y pedir más, así que acabé acostumbrándome: yo escribía lo mejor que sabía, le entregaba las páginas y ella pulía, cortaba y pegaba, y cuando estaba todo terminado, con un planteamiento, un nudo y un desenlace, yo me quedaba más asombrado que si lo hubiera visto impreso, porque de entrada yo no habría podido hacerlo solo. 

El niño se interpuso entre nosotros, como una piedra. Yo estaba preocupado y me preguntaba si alguna vez volvería la normalidad de antes. 

Sinopsis: Los Ángeles a comienzos de los años cincuenta, la década en que los norteamericanos identificaron la prosperidad con los valores familiares y religiosos, la década en que todos los californianos de clase media querían una casa espaciosa en un barrio residencial. En una de estas casas, pero con termitas en la cocina, niebla tóxica en la calle y un tráfico infernal a cincuenta metros, vive un próspero guionista de la Paramount que a los treinta años ha renunciado a la rebeldía juvenil, ha sentado la cabeza y va a ser padre por primera vez. Se llama John Fante y ha escrito tres novelas.
Comedia acerca de la integración y el conformismo, en un registro en que la sátira de los mitos norteamericanos de la época aparece hábilmente combinada con el sentimentalismo y la ternura que suelen acechar en la prosa siempre corrosiva del autor. Los tres temas básicos que articulan la historia son típicos: los hijos, la casa y la religión.
Aparecida en 1952, señala un punto de inflexión en la trayectoria del autor, que dejaría la literatura durante más de veinte años para dedicarse al cine casi en exclusiva. 

Traducción: Antonio Moya Valle. Editorial Anagrama, Barcelona 2008. Número de páginas: 160. Acceso al inicio.

  

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