domingo, 28 de junio de 2026

Coloquio de invierno de Luis Landero

Coloquio de invierno

Luis Landero 

Cómo me gustaría coincidir con un grupo de personas capaces de narrar de esta manera. Escuchar sin parpadear sus historias, algunas reales, otras difíciles de aproximar a lo que consideramos verdades.   Momentos descritos con detalle, dando alas a lo vivido, a lo deseado, a las culpas y al miedo. Retazos que despiertan nuestras propias vivencias, esos instantes que hacen saltar por los aires la rutina, la certeza. 

Ideas que destaco:

Como las miradas de los demás crean o destruyen lo atractivos/guapos que nos sentimos.

Movimientos sociales para visibilizar las agresiones y violencia sexual hacen que uno de los personajes se cuestione su supuesto deseo infinito de seducir. ¿Seducir?

Un instante, a veces nimio, hace que una vida competa se tambalee, y puede abrir o cerrar puertas. 

Landero, una vez más, me lleva de la mano lejos de mi entorno. Mientras paso las páginas estoy allí, entre sus personajes, sintiendo cariño por algunos y distancia por otros. Ternura, asombro y rabia. Amor, libertad. 

Algunos fragmentos 

[...] yo creo que todos tenemos algo que contar, y que en el fondo todos tenemos alma de narradores. A todos nos gusta contar y que nos cuenten. ¿Por qué ponemos la radio o la televisión, o leemos o vamos al cine? 

Es solo aprensión a ser llamado a escena y expuesto a la curiosidad pública. Además yo era supersticioso y creía que, cuanto más anónimo fuese, menos se fijaría en mí el destino y, con él, la adversidad y la desgracia. No quería que me eligiesen para nada, no quería ser un elegido. Tenía miedo a los espacios abiertos y vacíos. Me gustaba confundirme con la gente, mimetizarme con el entorno. He procurado vivir siempre en tierra de nadie. Así era yo, y así soy y así seré siempre. 

[...] a veces se tarda más en contar lo vivido que en vivirlo. 

[...] en la vida pasa lo que en las grandes arquitecturas. De pronto aparece una grieta y toda la obra entra en peligro de colapso. 

[...] la mediocridad de hoy será la nostalgia de mañana. 

No se había detenido a pensar que, como todo en la vida, también el pasado hay que ganárselo, disputárselo palmo a palmo al olvido. 

A él le gustaba la quietud y el orden, pero ansiaba la libertad, la había ansiado siempre, en secreto, quizá sin saberlo, cono si fuese una fantasía o un imposible, uno de esos ensueños que a veces rondan sin rumbo por la imaginación, y solo ahora se le revelaba como algo hacedero, real y al alcance mismo de la mano. No una libertad hecha de grandes ideales, sino de humildes sucesos cotidianos. 

Sí, aquella era una libertad de lo más problemática, porque ¿qué tipo de libertad era la no elegida sino la impuesta por un destino adverso, por una mala baza en el juego, por un error irreparable? 

Entonces me ponía a escribir y daba gusto ver cómo la pluma corría, volaba sobre el papel, con qué sinceridad y convicción, y así durante cuatro, cinco, diez folios, y durante ese tiempo yo era el hombre más feliz del mundo, feliz como un niño o un enamorado primerizo, hasta que luego iba perdiendo el ímpetu, como un reguero de agua vertida que quiere hacer cauce y ser arroyo, y después río, y que parece que en su furia inicial va a anegar el mundo, pero que enseguida se queda sin fuerzas, hace un remansito, se la bebe la tierra, y esa es toda su hazaña. 

Contar esta parte de la vida en la que no pasa nada en apariencia, o que pasa tan lentamente que apenas se nota su fluir, quizá sea más difícil y creativo que sacarse aventuras y sobresaltos de la chistera, que a menudo equivalen a los efectos especiales del cine. Pura pirotecnia. 

Porque las fotos de por sí no tienen vida, solo la que tú les das.

Quizá todos somos hijos de unos cuantos momentos de asombro. 

[...] la imaginación llega tan lejos, y a veces más, que lo vivido. 

A veces la culpa y la inocencia se ven obligadas a vivir juntas, en perpetuo conflicto, y esa es una de las peores condenas que existen para quien la sufre. 

Sinopsis: Siete personajes se quedan atrapados en un hotel rural durante la tormenta de nieve Filomena. Sin cobertura ni conexiones, pero sí con víveres, deciden animar la espera contándose historias, y de ese diálogo, al que se suman los dos hosteleros, saldrán anécdotas que ocuparán ritualmente cada sobremesa, y que no solo les permitirán conocerse entre sí, sino también debatir y aprender de las vidas de los otros. Con el dominio magistral del relato oral de un autor como Landero, las historias que se cuentan estos desconocidos pronto se convierten en confesiones de sus peripecias vitales hechas al calor del momento, en narraciones de algunas experiencias que les han marcado de por vida y que se suceden y entrelazan con auténtica intriga y emoción. Homenaje a las novelas dialogadas clásicas, pequeño Decamerón de nuestros días y sucesión cervantina de relatos ejemplares. 

Tusquets Editores, Barcelona 2026. Número de páginas: 312. Acceso al inicio

 

 

No hay comentarios: