miércoles, 8 de octubre de 2008

Intruso

Noche calurosa de verano, con todas las tareas hechas y dispuesta a relajarme un rato. Enciendo el ordenador y tras una rápida mirada a los correos, busco un blog, y me quedo fascinada con sus fotos. Estaba realmente concentrada. Las ventanas abiertas para ventilar la casa. Se respira una inmensa tranquilidad. Son casi las doce. De pronto algo suave me roza el pie izquierdo, miro, y … GRITO. Se me paraliza el cuerpo. Huye despavorido hacia mi habitación. Como puedo, me levanto de la silla y cierro la puerta. Me lleva un rato recuperar la respiración. El susto no se me va de la cabeza. Antes de saber qué era, veo a un bicho gris peludo corriendo… UNA PESADILLA. Entonces toca entrar y conseguir que se marche por donde ha entrado (la ventana que comunica con un tejado). Está debajo de la cama. Yo aparentando tranquilidad, voz dulce y cariñosa, gestos muy lentos, intento mostrarle el camino, la silla y de ahí a la ventana. El corazón me va a estallar. Me mira asustado, con su carita gris a manchas. Es una monada, pero tomo mis precauciones por si tras mi aullido de pavor, está más aterrado que yo, y me lanza un zarpazo defensivo. Se acerca, pero no se decide, y, una y otra vez vuelve al refugio. Abro el armario y saco un chal de lana, lo llamo y lo agarro suavemente. Muy manso, se deja hacer, y ya con mucha más calma le explico que se tiene que ir, lo coloco con cuidado sobre la parte exterior, y cierro de inmediato.Todavía muy acelerada, reviso toda la casa palmo a palmo, por si ha venido acompañado. Parece que no. Cierro todas las ventanas, TODAS. Apago el ordenador (ya es muy tarde) y me acuesto, pero la verdad es que no puedo conciliar el sueño. Pienso en el rato que ya llevaba el gatito en casa. De hecho yo había escuchado “algo” muy cercano, pero siempre pensando que era fuera. Pretendía que yo apartara los ojos de la pantalla para mirar su cara de bueno, compadecerme y darle un delicioso manjar o mimitos.¿Y si de noche, de repente, saltaba algo sobre la cama…? ¿Había entrado en otras ocasiones? Qué horror. Sé que es muy irracional, pero la oscuridad no favorece… Vivía mis peores monstruos infantiles y con una edad en la que parece que ya no deberían existir.



6 comentarios:

imaging68 dijo...

Ufff... los miedos están dentro de nosotros, y nos les cuesta nada salir; sólo un pequeño suceso los hace aflorar; los más profundos, y los más absurdos con la luz encendida, o a pleno sol. Pero la oscuridad, sólo los hace más grandes y creibles.
No te hablaré de mis miedos,por no sacar la lista.
Tuve gato, y su mirada nocturna, no ayudaba a que los miedos se fueran.
Besazos

eva dijo...

Son muy bonitos, pero una mañana me desperté gritando porque el gato estaba sobre mi cama arañándome.
Sé que es tener pánico a algo, y a lo mejor para otras personas es una tontería, pero para nosotros no.

Biquiños

PEPE DEL MONTGO dijo...

Aunque no me molestan, no soy aficionado a los gatos. En mi casa, en verano, entran al porche todos los gatos de la vecindad a dormir sobre las sillas y sillones. Así que cada noche hay que darle la vuelta a las sillas y sillones porque los arañan y llenan de pelos.

La Dama Se Esconde dijo...

Imaging
Me interesa mucho el universo de los miedos, desde los más irracionales e incontrolables, a otros como consecuencia de experiencias traumáticas.
Esta historia es para inaugurar un nuevo apartado en este blog, Erase una vez… donde iré poniendo escritos, relatos o simples reflexiones, desde la realidad a la ficción.
Personalmente, los gatos me gustan mucho, aunque si hablamos de preferencias, es evidente que adoro a los perros. El gato, en ocasiones, me parece más inquietante. Ese sigilo por la casa….
¿Qué tendrá la oscuridad que provoca esas sensaciones de miedo?
Biquiños

La Dama Se Esconde dijo...

Eva, sí que es muy personal lo de los temores, incluso podemos pensar que no es para tanto; pero después no lo podemos evitar. Yo de pequeña le tenía pánico a los perros, y ya ves.
Biquiños

La Dama Se Esconde dijo...

Pepe, a mi sí me gustan. Estéticamente me parecen muy elegantes y, para quienes vivimos en piso, sería incluso mejor opción que un perro, que necesita salir a la calle. Pero, por otro lado, a veces, me inquietan, por su sigilo o por ser tan imprevisibles. El perro es más “amigo”.
Biquiños