La última rosa
Jesús Montiel
En marzo descubría al autor con su obra: Lo que no se ve. Jesús posee un estilo fragmentario, reflexivo y poético. Narra con delicadeza, mirada atenta y honestidad. Me hace sentir en calma, deja pinceladas de armonía revoloteando por mi cabeza.
En esta ocasión aparece con frecuencia la fe religiosa y un dios en el que yo no creo. Pero eso no me distancia y vuelvo a disfrutar con sus palabras y su sensibilidad.
Gracias al libro me adentro en las fotografías de Josef Sudek.
Una muestra de las notas que guardo.
Todo lo que importa ocurre así: no se consigue sino que irrumpe.
Desayunó luz, almorzó luz, cenó luz: la biografía de una margarita que traje a casa.
En la ventanilla del coche, por la tarde, una gota de lluvia me hace llorar de puro agradecimiento.
Un deseo nacido de la intuición de que el tiempo cobra sentido si se regala.
Nada nos preocupa más que lo que no existe. Nada desatendemos más que lo real. Se puede vivir con un regalo entre las manos y no abrirlo nunca.
Uno escribe en la hoja de papel como si empujase una puerta esperando que haya alguien al otro lado.
Cuando alguien es feliz, tiene cara de principio.
Durante la tristeza, uno se acuerda de sí mismo, de un lugar lejano que visitó en la infancia.
Vivo en el interior de un lago helado desde que tengo uso de razón. Mi soledad es una placa de hielo que me separa de los demás y del mundo. Los días transcurren entre la oscuridad de abajo y el espectáculo de luces que veo arriba […] Solo cuando escribo el hielo cede y cae una flor, un rostro, puedo ver el ajetreo de los pájaros. Luego nada, la espera de otra grieta. Cada línea de este cuaderno es resultado de un pequeño deshielo.
A veces, muy pocas, soy lo que tengo delante. Sólo entonces escribo. Cuando consigo esquivarme.
Con qué avidez mis manos se aferran a la taza de té para entrar en calor. Nos acercamos con la misma urgencia a los libros. Muerto de frío, el corazón se abalanza sobre la página.
La fragilidad es el cimiento más resistente.
El artista es alguien que señala una flor mientras el mundo está agonizando.
Cuenta que ha dejado crecer la hierba de su casa esta primavera. No la poda porque le gusta escucharla cuando el aire de la tarde la roza igual que una mano cuando acaricia. Sus familiares, viendo el aspecto del jardín, lo tachan de loco. Pero cada tarde él coge una silla de tijera, toma asiento y cierra los ojos mientras sonríe.
Conservar ilesa una rosa en una tormenta de nieve: la escritura.
Porque hay personas que duran siempre.
Siempre somos el mapa de alguien. Aun estando perdidos
Cada mediodía cuando recojo a mis hijos del colegio, mis hijos me recogen de mí.
Una cárcel voluntaria: nuestra opinión.
Sinopsis: no hay resumen. Aquí queda una invitación a adentrarte en sus páginas.
Editorial
Pre-textos, Valencia 2021. Número de páginas: 108.

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