Lo que no se ve
Jesús Montiel
La responsable de la librería Momo Gijón desde Instagram cuenta cómo llegan tres libros a su tienda. Ella no recuerda haber hecho ese pedido. Un misterio. Agradecida porque le han gustado, los recomienda. Ahí está el autor. En comentarios alaban otras de sus publicaciones. Mi curiosidad me lanza a la búsqueda. Encuentro uno en la biblioteca.
Diminuto, delicado. No sé explicarlo (otro enigma), presiento que lo voy a disfrutar.
Lo saboreo con calma, con pausas para anotar y sentir. De gran belleza. Un homenaje cariñoso a sus abuelos, a sus gestos, sus manos.
Mientras elaboro esquemas para escribir relatos que generen curiosidad, con acción, conflictos y personajes interesantes; soy cada vez más propensa a leer textos fragmentarios, sin un destino que alcanzar, ni un recorrido plagado de obstáculos.
Algunos párrafos para que te hagas una idea.
Uno quisiera no asumir el riesgo que implica estar vivo, ver el camino despejado y no tener que enfrentarse a la sorpresa. Pero el riesgo es la garantía de nuestra libertad. Somos libres porque tenemos miedo. Tenemos miedo porque sabemos que no todo depende de nosotros.
[…] lo que nos mantiene vivos: el deseo de llegar, la sospecha de no estar en casa todavía. De que esta vida es un regreso.
Cada ventana origina dos tipos de personas, dos razas: los que sueñan con el exterior y los que nunca abandonan su condición de observadores.
Dos intrépidas alpinistas caminan sobre un glaciar de tela cada mañana. Por la noche, coronan las arrugas con una agilidad pasmosa y luego se marchan como si nada a las lejanas tierras que hay abajo, tras la escalera en curva. Tus manos son una novela de aventuras, la primera que leo.
Hay poetas que escriben libros, y luego están los seres como tú, que lo miráis todo desde el poema.
Todos somos una casa construida sobre una ternura concreta.
Cada persona puede biografíarse si atendemos a sus manos, averiguando en qué se entretuvieron sus manos mientras vivía, cuáles fueron sus ocupaciones.
El arte aniña a las personas, las regresa al entusiasmo, cuando la hierba del hastío no ha recubierto el corazón.
Debajo de la tierra, el abuelo encuentra el brillo del mineral. Debajo del minero, yo descubro a un artista al que no le ha quedado más remedio que fingir ser un hombre hecho y derecho toda su vida.
La debilidad es el medio de transporte más efectivo. La velocidad es una licuadora: lo indiferencia todo.
La verdadera locura es convertir el corazón, la casa de la vida eterna, en un cajero automático.
El niño vive atrapado en la dualidad: castigo y recompensa, infierno y cielo, cero y diez, lentejas y chucherías.
La oscuridad sabe encontrarnos, no puede eludirse por mucho que nos escondamos en el dinero, en una vida cómoda, en el trabajo.
Todo es un doble camino [...] Cada cosa es una llave y una jaula. Una prueba, en realidad. Porque nos interroga [...] La tierra que se arroja sobre un féretro es el nido de muchas flores.
Cada persona es una fortaleza fundada sobre el hambre de atención.
Sinopsis: Unas manos, unas sábanas, una forma de hacer la cama. Este libro no es un libro de infancia, es el libro de un hombre que aún conserva la mirada de niño. Un hombre que ha hecho de la contemplación un vehículo para volver a eso que importa, lo primigenio,
Editorial Pre-textos, Valencia 2020. Número de páginas: 72.

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