Orbital
A priori no lo hubiera escogido para leer. Tras varias reseñas muy positivas en redes sociales, sentí curiosidad. Ha superado todas mis expectativas. Destaco sobre todo la belleza y minuciosidad del lenguaje, la serenidad que me hizo sentir su lectura.
Curiosidades y coincidencias. Me acompaña mientras la NASA publica imágenes de la luna y la tierra desde Artemis II, hipnóticas, increíbles. (Sin querer ir más allá en los intereses de quienes promueven este tipo de viajes espaciales).
Fragmentos seleccionados
Familia flotante
[…] y la humanidad, al quedar reducida a su esencia en un puñado de personas, deja de ser una especie que los desconcierta en su diferencia y distancia para convertirse en algo cercano y comprensible.
¿Dónde están las fronteras?, piensa Shaun mientras pasa junto a la ventana. Intenta situar todos los países: Montenegro, Serbia, Hungría, Rumanía... Nunca es capaz de recordar su distribución exacta. Podrías pasar tus días, toda tu vida orbital, con tu atlas escolar y tus mapas del firmamento. Podrías pasarte el día sin pegar golpe. Podrías abandonarlo todo y dedicarte a mirar. Podrías conocer la Tierra del derecho y del revés, en su pequeño huequecito en el espacio. Nunca podrías comprender del todo las estrellas, pero la Tierra la conocerías como se conoce a otra persona, tal y como llegó a conocer a su esposa, tenaz y metódicamente. Con su ansia que es ávida y egoísta. Quiere conocer la Tierra, centímetro a centímetro.
Los mueve un deseo de acumulación, de tener más de todo, más saber y más humildad. Velocidad y quietud. Distancia y cercanía. Más menos, más más.
Nunca ha sabido del todo si el deseo humano de ir al espacio es una expresión de curiosidad o de ingratitud. Si este extraño y ardiente anhelo lo convierte en un héroe o un imbécil. Sin duda se encuentra a solo un paso de lo uno o de lo otro.
En órbita, la sensación de estar vivo es más sencilla, amable e indulgente; no se trata de que sus pensamientos sean distintos, sino de que son más escasos y nítidos. No se suceden en cascada como le ocurría en tierra. Llegan, despiertan su interés el tiempo preciso, y luego se marchan.
Es el efecto de los paisajes vistos desde la órbita; te convierten en una cometa hinchada por el viento, a la que da forma y altura todo lo que no eres.
Tiene la sensación de que, a lo largo de los años, ha ido tallando su mente paso a paso, hasta reducirla a un ojo de alfiler por el que puede ver con absoluta claridad los minutos siguientes, y sabe que se le ha adiestrado para no pensar en mucho más.
¿Cómo estamos escribiendo el futuro de la humanidad? Nosotros no escribimos nada, el futuro nos escribe a nosotros. Somos hojas que el viento arrastra. Creemos que somos el viento, pero tan solo somos la hoja.
Traducción:
Albert Fuentes. Editorial Anagrama, Barcelona 2025. Número de páginas: 200.
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