jueves, 23 de febrero de 2017

El juego favorito de Leonard Cohen

El primer domingo de febrero leía una columna de Jesús Ferrero, Querido Leonard, en la que alude a la depresión de Cohen, y a esta novela, que recodará por las calles de Montreal. Los dos párrafos que le dedica al libro me llevaron directa a la biblioteca. Maravillosa elección. Me ha encantado. Descubro ahora al escritor, muchos años más tarde que al músico.



Nº de páginas: 256 págs.
Editorial: EDHASA, Barcelona 2009.
ISBN: 9788435010443
Traductor: AGUSTÍN PICO

La adolescencia y la juventud de Lawrence Brevman, hijo único de una vieja familia judía de Montreal, están hechas de colores deslumbrantes y de repentinos momentos de zozobra y oscuridad. Atraviesa esa época de formación siempre un poco a destiempo, ligeramente desenfocado, acumulando sabiduría y desamparo. Su padre ha muerto y él no termina de entender buen cómo ni por qué; los juegos adultos del amor y la guerra, con sus infinitas posibilidades de fantasía y crueldad, lo excitan y lo turban; experimenta secretamente con el hipnotismo. Durante las noches se aventura en el riesgo con Krantz, su camarada y confidente. Su vida cambia en la universidad, pero la intensidad con que vive no disminuye ni un instante. La ansiedad y el deseo tampoco, como se hace evidente cuando huye a Nueva York. Y en rigor podría decirse que su vida comienza allí, cuando conoce a Shell, una muchacha que le hace descubrir el amor y sus exigencias, los trabajos que la felicidad exige.

Inolvidable novela de aprendizaje, que narra la turbulencia de la adolescencia con la prosa precisa y deslumbrante de un poeta, y con la paciencia del maestro que se adentra en lo desconocido de un corazón joven. El resultado es un libro que se ha convertido en un clásico, que desvela con belleza y pasión la inquietud de esos años decisivos en la vida de cualquier hombre.

El resumen ya dice mucho. Copio unos cuantos retazos, que podrían ser más.

El trozo de vida que va de los 7 a los 11 años es inmenso y está colmado de embotamiento y olvido. Se dice que perdemos de a poco el don de hablar con los animales, que las aves ya no visitan nuestros alféizares para conversar. Flores que tuvieron el tamaño de pinos regresan a tiestos de barro. Los gigantes y gigantas de las habitaciones infantiles se encogen convirtiéndose en maestros enfurruñados y padres humanos.

Ella, con sus tetas falsas, yo con mis pies falsos, ¡Oh  malignos fabricantes de Kleenex!

¿Cuántas hojas deben frotarse unas contra otras para llegar a registrar el sonido del viento? Trato de distinguir el sonido de la acacia del sonido del arce.

La montaña soltó la luna como si fuese una burbuja que ya no podía contener, con renuencia y dolor.

...eres candidato a muchas y diversas experiencias en éste, el mejor de todos los mundos posibles. Hay muchos bellos poemas que escribirás y por los que serás alabado, muchos días desolados en que serás incapaz de llevar la pluma al papel. Habrá adorables vaginas en las que yacer, diferentes colores de piel que besar, orgasmos varios que encontrar, y muchas noches en que te quitarás la lujuria caminando amargado y solo. Habrá muchas cumbres de devoción, ocasos intensos, revelaciones exaltadoras, dolor creativo y muchas mesetas homicidas de indiferencia cuando ni siquiera serás dueño de tu desesperación personal. Habrá muchas buenas manos de poder que podrás jugar de forma implacable o benévola muchos vastos cielos bajo los que yacer y congratularse por tu humildad, muchos paseos en galera de sofocante esclavitud. Eso es lo que te espera.

Cada primavera Shell estaba encargada de poner flores cortadas a flotar en la fuente de piedra. Se tomaba el oficio de ser niña muy en serio. Pensaba que su hermana era demasiado brusca cuando se preguntaba por qué alzaba la voz su madre, se sentía herida cuando contradecía a su marido. No sólo creía en cuentos de hadas, sino que hizo el experimento de poner un guisante bajo el colchón.

A veces ella creía que nadie podía dar tanta ternura, atención, si no era a modo de inversión a futuro. A veces sentía, y podía localizar el dolor, en su corazón, que él sólo podía dar tanto porque se marcharía.

Una extraña distorsión de la honestidad me impide acercarme a ti...

Eran las tres de la mañana y Breawman se alegró de que todos durmieran. Era más prolijo así, con todos los campamentistas y consejeros dispuestos cada uno en su catre, fila tras fila. Cuando estaban despiertos había demasiadas posibilidades, rgos que enfrentar, rostros que interpretar, mundos donde ingresar. La variedad confundía. Ya bastante difícil era encontrarse con otra persona. Una comunidad es una coartada para el fracaso del amor individual.

Me da miedo vivir en cualquier lugar que no sea la expectativa. No soy un riesgo para la vida.

Un texto adictivo, para degustar a pequeños sorbos. Belleza, dolor y personajes fascinantes. Diálogos para oídos que sin escuchar se anticipan, complicidad, amor, miedos.

Por favor no telefones ni escribas. Algo quiere empezar en mí.

No puedo ser lo que necesitas.