viernes, 21 de febrero de 2014

Todas las criaturas grandes y pequeñas de James Herriot.



De nuevo desde Papel en blanco, en el listado elaborado por Sarah sobre los 5 mejores libros que ha leído el pasado año, todo un clásico de la literatura animal

Cuando el joven James Alfred Wight, con 23 años y recién salido de la facultad en Glasgow, tomó posesión de su primer empleo como veterinario rural en Thirsk, Yorkshire, no sabía bien dónde se estaba metiendo. Y literalmente se estaba metiendo dentro de las vacas, desnudo de cintura para arriba, y, sobre todo, dentro de un mundo cerrado, a veces hostil, generoso, humorístico y fascinante, en un marco natural de belleza indescriptible. Desde entonces, en 1939, hasta su muerte en cincuenta años después, su vida se iba a fundir con su trabajo, en una pasión que se materializaría en 1969 en uno de los mayores regalos que los lectores anglosajones podrían recibir. La serie de obras que, bajo el seudónimo de James Herriot, comenzó a publicar, y que inició con ésta. De inmediato sus historias se convirtieron en un éxito de ventas tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, llevadas al cine y a la televisión (BBC) varias veces, la última de ellas, una precuela titulada El joven James Herriot, en el año 2011.

Nº de páginas: 688 págs.
Ediciones del Viento, A Coruña 2013
Traducción: Amparo García Burgos

Aventuras de un veterinario novato, un mentor muy peculiar y su hermano. Inmerso en las profundidades del Yorkshire, aprendiendo las artes de su oficio (noches en vela, correteando con un coche desvencijado, metiendo medio cuerpo en el interior de una vaca, mientras un desconfiado granjero apela a la sabiduría ancestral de su difunto padre). Repleto de humor y, sobre todo, transmite verdadera pasión por la vida, los animales y el entorno. Una gozada. Un precioso regalo.

Una figura alta y de aire tristón apareció a mi lado.
- ¿Qué le parece si bebe algo?- preguntó el señor Dinsdale.
Sentí que mi rostro aún sucio se abría en una sonrisa de incredulidad. La visión de una taza de té caliente, bien cargado de whisky, se alzó ante mí:
- Muy amable de su parte, señor Dinsdale. Me encantaría beber algo. Han sido dos horas muy duras.
- No – dijo el señor Dinsdale, mirándome firmemente-, si yo decía la vaca.


No hay comentarios: